En muchas instalaciones industriales y de servicios, el riesgo no está solo en la potencia instalada o en la continuidad del suministro, sino en el entorno donde se trabaja. Cuando hay presencia de gases, vapores, nieblas inflamables o polvo combustible, una chispa, un arco eléctrico o una superficie caliente pueden convertirse en un foco de ignición. En estos casos, la instalación eléctrica debe diseñarse y mantenerse siguiendo criterios ATEX, adaptados al riesgo real del entorno.
Qué significa ATEX y por qué afecta a la instalación eléctrica
ATEX es el marco europeo para la seguridad en atmósferas potencialmente explosivas. Establece tanto los requisitos que deben cumplir los equipos como las obligaciones de seguridad en los lugares donde puede formarse una atmósfera explosiva.
Esto implica que la parte eléctrica no puede tratarse como una instalación convencional, ya que cualquier elemento mal seleccionado, instalado o mantenido puede convertirse en una fuente de ignición.
Clasificación de zonas: gas y polvo
No es lo mismo un riesgo por gas o vapor que un riesgo por polvo combustible. Su comportamiento es distinto y condiciona directamente el criterio eléctrico y la selección de equipos.
De forma general, se trabaja con zonas 0, 1 y 2 para gas, vapor o niebla, y zonas 20, 21 y 22 para polvo combustible. Esta clasificación es clave, ya que determina qué equipos pueden instalarse, su marcado y el nivel de protección exigido. Una clasificación incorrecta puede dejar sin efecto las medidas de seguridad, aunque los equipos sean adecuados.
Fuentes de ignición eléctricas más habituales
En entornos ATEX, el objetivo no es solo que el sistema funcione, sino evitar que la instalación genere una fuente de ignición. En la parte eléctrica, los riesgos más habituales suelen estar relacionados con arcos eléctricos en maniobras o conexiones defectuosas, chispas por malos contactos, superficies calientes en equipos eléctricos, descargas electrostáticas o la entrada de polvo y humedad en envolventes que degradan los aislamientos. Muchos de estos problemas no aparecen de forma inmediata, sino que se desarrollan con el uso, el envejecimiento de los equipos o la falta de mantenimiento.
Equipos certificados y mantenimiento del entorno
Los equipos deben ser adecuados al tipo de atmósfera y a la zona en la que se instalan. Además, aspectos como la temperatura máxima superficial o el correcto montaje de envolventes, entradas de cable y sellados son determinantes para que el equipo mantenga su nivel de protección.
En instalaciones eléctricas industriales, analizar el entorno y revisar periódicamente el estado de la instalación es fundamental para reducir riesgos en actividades con presencia de polvo combustible, vapores o gases inflamables. El mantenimiento eléctrico, la detección de degradaciones y la verificación de que la instalación sigue siendo coherente con el uso real son claves para mantener la seguridad y la continuidad operativa en entornos con riesgo ATEX.

